Soñé que una familia me quería adoptar, sobre todo la mamá, y era muy extraño porque ¡tengo 29 años! y en mi sueño igual. Más allá de las imágenes o situaciones lo que predominó fue una sensación placentera, se estaba tramitando lo necesario para mi adopción, pero aún faltaba el último paso: la visita de una trabajadora social. Dependiendo del resultado de dicha visita se decidiría si me quedaba o no.
La familia estaba completa, papá, mamá dos hijos y yo. Había problemas como en todas las familias, pero incluso así me sentía bien, me sentía parte de ellos. Una de las imágenes que más brillan en mi memoria es el momento en que ingreso a la escuela, muy parecida a una primaria, todos llevaban uniforme excepto yo, era desconcertante pero llevadero. Yo era "la nueva" y todos lo sabían, situación muy familiar para mí, algo que se repitió a lo largo de mi vida.
Saliendo de la escuela pensaba en decirle a mi nueva madre que me comprara mi uniforme, era urgente para mí, pero una idea interrumpió esa reflexión: no sabía cuánto tiempo me iba a quedar...
¿Para qué adaptarme si tal vez pronto me vaya?
Necesito echar raices, sentirme perteneciente a algo, me queda claro con este sueño.
Anhelaba tanto la seguridad económica, el amor incondicional, todo aquello que me hizo falta, o que incluso aún me hace falta, los momentos de madre e hija, la abundancia, lo anhelaba tanto que el miedo apareció, el miedo a no conseguirlo. Y el miedo hizo que todo se derrumbara, que la familia colapsara, que el sueño terminara...
